Iván está totalmente desnudo, en un sitio extraño lleno de una luz blanca. Tiene la respiración un poco agitada, y de repente abre los ojos: están completamente en blanco.
72 horas antes…
Unos periodistas han conseguido superar el control externo del ejército, y han conseguido que les dejen hablar con Elsa. La directora da una visión parcial de los hechos con el fin de poder tranquilizar a los padres de los alumnos que desconocen lo que está ocurriendo con sus hijos, pero se deja varias cosas en el tintero, como el hecho de que Hugo ha escapado de la valla o que Curro está escondido en el bosque. Amelia, que no tenía familia fuera del internado, es enterrada en una sencilla y triste ceremonia, dentro de una rústica caja de madera, con los pocos que conocen la verdad de su muerte como únicos testigos.
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Al menos, hay una buena noticia: no todas las medicinas que Hugo había escondido están rotas. Lo que habría sido más o menos útil si sólo hubiera unos pocos infectados se ha convertido en una imperiosa necesidad debido a que la huida de los infectados de la sala ha contagiado a prácticamente todo el internado. La situación se ha invertido: ahora los que están aislados son los que están sanos, pero poco a poco ese número va decreciendo, a medida que los sanos se infectan.
El coronel, sin embargo, trae malas noticias: los científicos encargados de construir la máquina de radiación lumínica están teniendo problemas para poder reconstruir el prototipo. Cuando Elsa le cuenta esto a Martín, Alicia, Lucía, Carlos e Iván (éste último se ha colado, porque se huele que pasa algo), Lucía dice que no cree que puedan construírla a tiempo, ya que necesitaron la ayuda de un hombre superdotado llamado Max Lebow, que consiguió construir la máquina en unos pocos meses. Cuando la doctora describe un poco al hombre, Iván lo reconoce de inmediato como el calvo de los pasadizos, y les dice que está vivo.
Mientras tanto, Roque está intentando escaparse del internado, hablando con el soldado que le había ayudado antes, pero éste lo tiene muy claro: una cosa es pasar unas cosas para adentro y otra muy distinta dejar salir a alguien. Roque saca la pistola y amenaza al soldado, pero entonces llega Alicia, acompañada de Vicky y Julia, y consigue quitarle el arma al chico, al que luego llevarán a la torre para aislarlo de los demás, ya que tiene miedo de que le hagan algo
.
Después de ésto, Alicia chantajea al soldado, diciéndole que llame al comisario Llorente, para el que ella trabaja, para decirle que investigue un número de teléfono que ella encontró al investigar la habitación de Hugo: posiblemente, esa sea el número de la sede central de OTTOX, que se encuentra presumiblemente en la isla de Nysiros, en Grecia, que era donde Martín había quedado con los Novoa Pazos y con Apolo.
Nadie sospecha que Garrido forma parte de OTTOX. El soldado habla con Hugo varias veces, intentando que lo saque de dentro, ya que sabe que corre peligro de infectarse, y Hugo le promete que lo sacará de allí adentro pronto. Sin embargo, cuando Hugo se entera de que Max está vivo, le dice a Garrido que se encargue de que el posible salvador no salga con vida. Garrido tiene una oportunidad de hacerlo cuando Carlos (milagrosamente recuperado tras el terrible momento en el que casi le vimos morir) le dice que le acompañe, para rescatar a Max y llevarlo a la enfermería. Una vez encuentran a Max, Carlos empieza a abrir un hueco por el que el herido pueda ser extraído. Con su espalda a Garrido, el soldado agarra una barra de hierro, con la clara intención de golpear al otro, pero algo lo distrae: su nariz ha empezado a sangrar. Está contagiado. Ahora, sus órdenes de impedir que Max construya la máquina están en conflicto con el hecho de que, sin esa máquina, morirá.
Una vez arriba, Lucía trata la herida de Max, y comprueba que no hay riesgo de que la herida se infecte, lo cual es algo bueno. Una vez despierta el hombre, Elsa le pregunta si sería capaz de volver a construir la máquina. Tras unos momentos de duda, Max le dice que, si le dan los materiales necesarios, podría volver a hacerlo. Justo en ese momento, el coronel Araujo llama a Elsa, diciéndole que tienen permiso para poder sacar a Max con el fin de que construya la máquina.
Cuando Iván y Julia van a hablar con el soldado, éste les comunica que el comisario Llorente murió cinco días antes en un accidente de coche (sorprendente la de gente que muere en un “accidente de coche” cuando OTTOX no quiere que sigan vivos) y les da un sobre muy grande, uno de los muchos que los soldados han traído desde Nysiros. Hugo aparece de repente, pero Iván y Julia consiguen esconderse justo a tiempo antes de que el ex-profesor de Educación Física los vea. Hugo mata al soldado, y comunica al coronel que los de dentro se están enterando de lo que ocurre. Los chicos vuelven al internado y le dicen a Alicia lo que ha ocurrido, dándole también el sobre. Dentro hay sólo una bolsa para cadáveres: cada vez está más claro que la única intención de establecer la cuarentena es para dejar que todos los infectados mueran. Poco después, Hugo mata a los periodistas que habían conseguido hablar con Elsa a sangre fría.
Interrogado por el asunto que acaban de revelar Iván y Julia, Garrido dice que a él nunca le habían dicho que tuvieran órdenes de dejar morir a todas las personas que había en el internado, que lo único que tenían que hacer era mantener el protocolo de seguridad y velar por la seguridad tanto de los que había dentro como de los de fuera. Cuando Carlos le pregunta si estaba compinchado con Hugo, Garrido le dice que, si fuera así, se habría escapado con él – irónicamente, esta pregunta llega justo en la noche en la que planeaba escaparse de verdad – y que, a partir de ahora, va a hacer lo posible para que todo el mundo sobreviva, ya que la supervivencia de los enfermos equivale a la suya propia.
Tras un montaje en el que vemos que Alicia también está infectada, Carlos y María están viviendo una noche de pasión, tras la cual Carlos intenta asegurar a María que pronto Max conseguirá construir la máquina, y que cuando eso suceda los dos podrán irse a recorrer mundo. Entonces Carlos se va a la cocina con la intención de coger algo de comer – con María diciéndole que todavía no han acabado con la noche – y se encuentra a Garrido en el camino. Tras bromear un poco con él – obviamente, el tiempo pasado en el interior del internado está haciendo que el soldado empiece a soltarse un poco – los dos se dirigen hacia la entrada, pero entonces una ventana se rompe: los soldados están soltando granadas de gas somnífero. Van a ir a por Max. Carlos y Garrido intentan correr hacia la puerta, para poder respirar aire fresco, pero no lo consiguen y caen redondos al suelo en el vestíbulo del internado. Lo último que Carlos ve es a los soldados subiendo las escaleras…










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